La hormona de crecimiento fue la que permitió a Lionel Messi crecer hasta el 1,70 metro de altura y ser capaz de protagonizar las escenas más memorables del fútbol de todo el planeta. Según estimó el médico que lo trató, sin ese recurso su estatura habría sido entre 10 y 15 centímetros inferior. Ahora, un equipo de investigación de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CONICET intenta facilitar su administración y aumentar la probabilidad de que consiga el máximo efecto en muchos otros niños con déficit en su producción.

También llamada somatotropina, la hormona que se inyecta es un biológico: no se trata de un medicamento elaborado a partir de síntesis química, sino que mediante ingeniería genética se produce un análogo de la misma hormona que fabrica el organismo. Antes de que existiera la posibilidad de obtenerla de esta forma, se extraía en pequeñas dosis de la glándula hipófisis de personas fallecidas.

En Argentina, fueron los científicos Alejandro Paladini, Juan Dellacha y José Santomé los que en la década del 60 aislaron y purificaron, por primera vez, la hormona de esa fuente para su aplicación en pacientes humanos.

La somatrotopina es hoy el tratamiento de elección para problemas de crecimiento. Su costo mensual oscila entre uno y tres millones de pesos. Pero además del precio (generalmente reconocido total o parcialmente por prepagas y obras sociales, a veces mediante amparos), tiene otro un aspecto complicado: se aplica en inyecciones que hay que colocarse todos los días. Existen versiones que permiten que sean una vez por semana, pero un grupo de investigadores argentinos trabaja desde hace años para llegar más allá.

“El tratamiento de las deficiencias de crecimiento es crónico y lleva muchos años”, explicaron Paolo Catalano y Martín Desimone, ambos bioquímicos y farmacéuticos, profesores de Química Analítica Instrumental en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA e investigadores del Conicet, según informó la Agencia CyTA-Leloir .

Lionel Messi en el último mundial, en el partido frente a Egipto. Foto: Juano Tesone

“Muchos estudios y publicaciones han mostrado una relativa baja adherencia de los pacientes porque tienen que inyectarse todos los días, antes de ir a dormir, para imitar el ritmo de secreción de esta hormona. La mayoría son niños. Entonces se van salteando aplicaciones y eso hace que la eficacia del tratamiento no sea la esperada ni se llegue al máximo crecimiento posible. El sistema que estudiamos nosotros permitiría administrar la hormona cada 15 días o aun de forma más espaciada. Por ahora existen versiones de varios laboratorios que permiten la aplicación semanal, ya comercializadas, que se indican a los pacientes con insuficiencia hipofisaria”, precisan.

La tecnología utilizada por los expertos locales se basa en el desarrollo de hidrogeles y matrices nanotecnológicas que van liberando lentamente la hormona para que su administración se sostenga durante más tiempo, sin intervenir en su estructura molecular.

“A través de nanotecnología utilizamos distintas nanopartículas para ver en cuál de ellas podríamos incorporar más hormona para usarlas como transportadores. Son partículas pequeñísimas, un millón de veces más pequeñas que un milímetro”, destaca Catalano, que comenzó esta investigación en el Instituto de Nanociencia y Nanotecnología (INN) de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el CONICET, en colaboración con el Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME) y la UBA.

QEl proyecto es experimental, y por el momento los investigadores pudieron validar la formulación que desarrollaron en un ambiente de laboratorio (in vitro), según publicaron en el International Journal of Pharmaceutics en 2023. La idea se inició con el trabajo de tesis del ingeniero Luis Villarruel en el INN, en 2018. Ahora, lo que buscan es demostrar su validez en modelos animales vivos.

Qué insumos necesitan

“Nuestro próximo paso será trabajar con el grupo del IBYME que encabeza Damasia Becú -afirmaron Catalano y Desimone-. Allí utilizan unos ratones a los que les falta un receptor para dopamina tipo 2 en el sistema nervioso central y les causa retraso de crecimiento. Son ratones enanos, que recuperan talla y peso si reciben hormona de crecimiento. La idea es probar la formulación en ellos, un modelo que está muy validado, para ver si funciona nuestra formulación”.

Para seguir avanzando, dicen que necesitan insumos. “Necesitamos la provisión de hormona de crecimiento y de algunos reactivos críticos que permiten cuantificarla, que son recursos costosos”, expresa Desimone, que integra el Instituto de Química y Metabolismo del Fármaco (Iquimefa) de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA. Como sucede con todas las hormonas, la cantidad o concentración para lograr sus efectos es pequeña, porque tienen mucha potencia. También hace falta iodo 125 radioactivo para medirla mediante radioinmunoensayo.

Los investigadores agregan: “Estamos abiertos a firmar convenios de colaboración con empresas que puedan asociarse con nosotros y, una vez demostrada la eficacia de esta formulación, se podría hacer una transferencia de tecnología. Esto haría posible disminuir costos y ofrecer una forma de administración de la hormona más amigable para la población que necesita de estos tratamientos, sin necesidad de inyectarse a diario o una vez por semana, sino en forma todavía más espaciada”, se esperanzan.

PS