En los últimos años, las redes sociales se convirtieron en una fuente permanente de información sobre salud, también sobre sexualidad y reproducción. Y esa transformación modificó incluso la percepción de los médicos. Pero un nuevo estudio acaba de mostrar que esa percepción estaba, al menos en parte, equivocada. Los propios profesionales que participaron de la investigación se llevaron una sorpresa: creían que las redes tenían un peso mucho mayor en la información anticonceptiva de sus pacientes del que ellas mismas reconocen. Y comprobaron que, cuando llega el momento de decidir, el consultorio conserva un lugar central.

El estudio "Uso de redes sociales como fuente de información sobre métodos anticonceptivos: percepción vs. realidad", realizado por la Asociación Médica Argentina de Anticoncepción (AMAdA), encuestó a 314 profesionales de la salud y a 2.055 mujeres de todo el país. El 71,7% de los profesionales consideró que sus pacientes buscaban información sobre anticoncepción en redes sociales de manera frecuente o muy frecuente. Sin embargo, entre las mujeres consultadas, apenas el 33% dijo haber utilizado alguna red social para informarse sobre anticoncepción o salud sexual y reproductiva.

La diferencia fue mucho más significativa cuando se preguntó qué fuente prefieren las mujeres a la hora de tomar una decisión: el 96,8% señaló la consulta con un profesional de la salud.

"Lo primero que este estudio nos obligó a hacer fue medirnos a nosotros mismos: 7 de cada 10 profesionales (el 71,7%) creíamos que las pacientes buscaban información en redes de forma frecuente o muy frecuente. Pero cuando le preguntamos directamente a 2.055 mujeres de todo el país, solo un tercio dijo haberlo hecho", cuenta la doctora Lorena Bozza, médica tocoginecóloga y presidenta de AMAdA.

La sorpresa no significa que las redes hayan dejado de tener importancia. Pero el estudio muestra que hay una diferencia entre informarse y decidir.

"Hoy circula por las redes sociales todo tipo de información que las personas consumen masivamente, especialmente las más jóvenes. Estos contenidos están disponibles de forma inmediata, sin restricciones y con un acceso ilimitado. Los temas de salud y la salud reproductiva, no escapan a esta realidad. Por eso, resulta lógico que los profesionales crean que la mayoría de las pacientes buscan información sobre métodos anticonceptivos en el entorno digital", explica Bozza.

Y agrega: "Sin embargo, nuestro estudio reveló un hallazgo sorprendente: sólo una de cada tres mujeres manifiesta hacerlo por estos canales. Aun así, las pacientes suelen llevar a la consulta preguntas sobre lo que leen o ven en las plataformas".

"El otro hallazgo fue que casi todas las mujeres manifestaron preferir recibir información sobre anticoncepción de los profesionales de la salud, sólo una minoría señaló preferir a las redes. Las mujeres se informan combinando fuentes, buscan en internet, en redes sociales, hablan con familiares y amigas, escuchan, pero al momento de decidir, casi el 97% elige la consulta médica. Eso no cambió", dice Bozza.

Del video viral a la consulta

Entre los contenidos que, según Bozza, llegan con mayor frecuencia al consultorio aparecen justamente algunos de los temores más conocidos: "Predominan los contenidos sobre supuestos riesgos hormonales, dolor intenso del DIU, necesidad de realizar “descansos”, infertilidad futura, aumento de peso, alteraciones emocionales y complicaciones atribuidas al DIU o al implante. En algunos casos parten de datos falsos y en otros parten de un dato real, pero lo presentan sin contexto, sin explicar su frecuencia ni compararlo con los riesgos de no utilizar anticoncepción", señala.

"Recuerdo especialmente una publicación de hace un año que mostraba a un recién nacido con un DIU en la mano y afirmaba que había nacido sosteniéndolo. Era una imagen editada, pero extraordinariamente eficaz desde lo emocional. Se trataba de una imagen impactante y fácil de recordar que puede pesar más que miles de experiencias favorables o que la evidencia científica. Aunque después se desmienta, el encuadre inicial permanece en la memoria y condiciona la percepción del método", asegura.

La diferencia entre evidencia científica y experiencia personal es un punto central. Una mujer puede contar lo que le sucedió con un anticonceptivo y ese relato merece ser escuchado. Pero una experiencia individual no necesariamente permite establecer una relación causal ni medir el riesgo para todas las mujeres.

"Las experiencias negativas suelen viralizarse más porque se narran en primera persona, apelan a las emociones y tienen una protagonista con la cual es posible identificarse. Los influencers, además, suelen comunicar mejor que los médicos: nosotros aprendimos a prevenir y tratar enfermedades, pero no necesariamente a construir relatos capaces de competir en las redes", sostiene Bozza.

Y aclara: "El problema no es compartir una experiencia personal, que siempre debe ser escuchada y respetada. El problema aparece cuando esa experiencia se presenta como una verdad universal o como prueba de causalidad. Un caso individual no permite establecer la seguridad de un método para toda la población."

Una decisión que no puede ser un algoritmo

La consulta médica es importante porque la elección anticonceptiva no es igual para todas las mujeres. Edad, antecedentes personales, condiciones clínicas, experiencias anteriores, preferencias, proyectos reproductivos y posibilidades concretas de sostener un método son algunas de las variables que pueden entrar en juego. Una publicación en redes puede hablar de un método para miles de personas; una consulta médica permite analizar qué ocurre con una persona determinada.

"La elección anticonceptiva no debería surgir de una recomendación general, sino de integrar antecedentes personales, condiciones clínicas, preferencias, proyectos reproductivos, experiencias previas y posibilidades reales de sostener el método", dice Bozza.

"La consulta no consiste en decidir por la paciente, sino en acompañarla para que pueda decidir con información, autonomía y seguridad. Ningún algoritmo conoce por completo su historia ni puede reemplazar ese encuentro", agrega.

El asesoramiento anticonceptivo implica revisar información, detectar contraindicaciones, conversar sobre preferencias y acompañar una elección que puede modificarse a lo largo del tiempo.

Embarazo e infecciones: prevenciones distintas

Elegir un método anticonceptivo eficaz para prevenir un embarazo no significa estar protegida frente a las infecciones de transmisión sexual (ITS). El estudio incorpora esta preocupación en un contexto de menor uso del preservativo. Y Bozza insiste en que no debe confundirse la eficacia anticonceptiva con la prevención de ITS.

"El DIU de cobre, el DIU hormonal y el implante anticonceptivo subdérmico brindan una excelente protección anticonceptiva, pero no previenen las ITS. Son objetivos diferentes". La llamada "doble protección" implica combinar un método eficaz para evitar un embarazo con el preservativo para reducir el riesgo de ITS.

La situación adquiere particular relevancia frente al aumento de las ITS. Según los datos incluidos en el estudio de AMAdA, en Argentina se notificaron más de 46.000 casos de sífilis durante 2025, mientras que el uso sistemático del preservativo entre la población sexualmente activa apenas alcanza al 14%.

No es solo falta de información

Nunca hubo tanta información disponible y, al mismo tiempo, persisten conductas que pueden aumentar los riesgos, como el bajo uso del preservativo. "No existe una única causa. Intervienen una menor percepción del riesgo, la pérdida del temor al VIH, la confianza depositada en la apariencia o en la palabra de la pareja, la asociación del preservativo con una disminución del placer y la dificultad para negociarlo", dice Bozza.

"También influyen el consumo de alcohol u otras sustancias, la espontaneidad de los encuentros, la insuficiente educación sexual y ciertas dinámicas afectivas. Algunas mujeres nos cuentan que aceptan no utilizarlo por temor a ser rechazadas, a parecer desconfiadas o a que la otra persona no vuelva a contactarlas", agrega.

"A esto se suma que muchas ITS pueden ser asintomáticas. Como el riesgo no siempre es visible ni inmediato, se vuelve psicológicamente más lejano. Sin embargo, la OMS sostiene que el uso correcto y consistente del preservativo continúa siendo altamente eficaz para prevenir la mayoría de las ITS y los embarazos no intencionales", afirma.

Y suma: "Tenemos cada vez más conciencia sobre el cuidado del cuerpo mediante la alimentación, la actividad física o los controles médicos, pero todavía cuesta incorporar el cuidado sexual como parte del bienestar integral".

La prevención, plantea, no debería asociarse con miedo o castigo: "Cuidarse no significa renunciar al placer. Significa poder disfrutar hoy y levantarse mañana sin miedo, angustia ni incertidumbre. La prevención no debería comunicarse desde el castigo, sino como una condición para vivir una sexualidad más libre, plena y responsable".