Paula Moguilevsky (41) se hizo un evatest positivo de cartón. Idéntico al real, con las dos rayitas dibujadas. Puli, como todo el mundo conoce a esta influencer que cocina en las redes y tiene una comunidad con más de 4,5 millones de seguidores en Puli Cocina, se siente embarazada aunque otra mujer está gestando a su hija Olivia del otro lado del mundo. Su útero no pudo recibir a ese embrión, pero Puli no bajó los brazos en su deseo de ser mamá, como tampoco lo hizo al atravesar el cáncer.
Hace dos años, Puli contó en Clarín que en 2023 le diagnosticaron un cáncer de cuello de útero. Relató la forma en que sucedió: se hizo un PAP que no fue a buscar --algo más común de lo que se cree-- y cuando seis meses después lo retiró, se encontró con que el estudio marcaba el crecimiento anormal de células asociadas al VPH.
Desde allí, recorrió un complejo derrotero que incluyó oncólogos, resonancias magnéticas, PET, biopsias, cirugías, angustia, temor, siempre optimismo y un rol de embajadora de la prevención que asumió naturalmente. “Nadie te enseña para qué es un Papanicolau”, resalta la importancia de hacerse estos controles porque son clave para prevenir el cáncer.
En esa nota, Paula también había expresado su sueño de la maternidad: “Toda mi vida quise ser mamá”. Ahora, en la previa del Día de la Madre, cuenta en su comunidad que Olivia está en camino.
“Elegí ese nombre sin saber que significa resiliencia”, dice en una nueva charla con Clarín. Puli hizo una subrogación en Georgia, un país a 11.000 kilómetros. Le agradece infinitamente a Alexandra, la subrogante, quien está llevando adelante el embarazo.
“No sé cómo voy a poder hacer para agradecerle. Hacemos videollamadas y hablamos por chat, le pregunto cómo se siente, si tiene náuseas, cómo está, qué cosas le gustan, cuál es su perfume favorito. Sin pedirle nada, nos mandó la foto de la panza. Es una mujer muy dulce y espero ansiosa el momento de conocerla personalmente: nos está cambiando la vida”, describe la relación que mantiene con ella, traductor de Google y Chat GPT mediante.
El recorrido para llegar a este momento fue durísimo, relata. Hay que ir atrás en el tiempo, antes de la primera nota con este diario. Puli repasa que empezó cuando decidió congelar óvulos a los 37 años. Le hicieron la extracción y la mandaron a su casa, pero tras la punción sufrió una hemorragia interna gravísima que la tuvo una semana internada y casi le cuesta la vida.
Meses después, decidieron ser padres con su pareja y ahí fue el PAP de rutina que derivó en el diagnóstico del cáncer. La operaron con el serio riesgo de que le sacaran el útero: los médicos lograron preservarlo, pero tres meses después tuvieron que volver a operarla porque se le había bloqueado por la cicatrización. A esa cirugía le siguió otra, de urgencia y pocos días antes de su casamiento.
Puli cuando se casó en 2024. Días antes, la habían tenido que operar de urgencia.
Volvió a recuperarse y empezó un tratamiento de fertilidad. El día anterior a la transferencia de los embriones, descubrieron que su útero se había vuelto a bloquear. Una nueva operación, una nueva recuperación, finalmente la transferencia y un embrión prendió, pero era un embarazo bioquímico. “Gracias a Dios, porque si no lo habría perdido”, reconoce con dolor.
El año pasado, el cáncer volvió. Nuevamente estudios, cirugía y aceptar que, a pesar de recuperarse, su cuerpo no iba a poder llevar adelante un embarazo. En las próximas semanas, la influencer va a tener que someterse a una histerectomía por indicación médica.
“Es un duelo en el que vas teniendo escalones. No vas a tener un hijo normalmente, hacés un tratamiento y no podés, muchas mujeres van a ovodonación... En mi caso luché muchísimo para quedarme con mi útero, tuve 10 cirugías”, contabiliza.
La subrogación, asegura, apareció como única opción. Hicieron una transferencia en Georgia, y no funcionó. “Cuando me enteré fue un llanto desgarrador, que me salió de las entrañas, el mismo que tuve con el embrión que me transferí yo cuando lo perdí”, comparte.
Puli en una de las intervenciones que tuvo que pasar: fueron 10 desde 2023.
Mientras todo esto sucedía, Puli había decidido volver a sacarse óvulos. “En la primera tanda, cuando casi me muero, me sacaron 12 óvulos, pero sólo se pudieron hacer tres con posibilidades. Uno me lo transfirieron a mí y dos a una primera subrogante en Georgia, pero no funcionaron. En una segunda extracción, me sacaron 14 óvulos maduros y seis llegaron a embriones que pudimos congelar: el primero que transferimos es Olivia”, cuenta.
“Me hice un álbum de Olivia donde guardo todas las ecografías. Y le pregunto al Chat GPT cómo está Olivia hoy, en esta semana de gestación, o que me haga un dibujo 3D de mi hija... Le pregunto cosas, trato de sacar la mayor información posible para conectarme con esa bebé que está a 11.000 kilómetros”, se emociona.
Puli ya está preparando todo para viajar en febrero, antes del nacimiento, a recibir a Olivia. Remarca que en Georgia la legislación es muy clara y que la subrogación “está culturalmente aceptada”. “Decidí hacerla una vez que agoté todos los caminos posibles. Me di cuenta de que era la única manera segura de traer un bebé al mundo con los embriones que ya teníamos. Si yo hubiera podido habría tenido al bebé en mi panza, pero pensé en lo más seguro para el embrión, no en mí”, enfatiza.
El test de embarazo de cartón que la influencer hizo para contar que Olivia viene en camino.
Como en todo en su vida, pone el pecho a algún eventual hateo. “La posibilidad de adoptar también estuvo siempre. Pero no es tan fácil. Tengo gente conocida que está hace años en este proceso y no pudo adoptar —sigue—. Ser madre biológica es un deseo muy fuerte, ¿por qué no se le cuestiona a quién sí pudo serlo? ¿Por qué solo se cuestiona a una persona que tiene un problema?”.
Pide también que en Argentina se resuelva el gris en el que quedó la subrogación a falta de un marco normativo y sin que se la haya incluido en el Código Civil: “El Gobierno tiene que regular la subrogación para que no haya irregularidades, no prohibirla”.
Plantea además que “en algún momento va a tener que legislarse sobre el congelamiento de óvulos. Es discriminatorio: si vos buscás un bebé con una pareja la fertilización está cubierta, pero si vos querés preservar tus óvulos porque estás sola, no se cubre. Las mujeres que no tuvieron los medios terminan no pudiendo ser madres”.
Y cierra con la concientización. Tanto en lo que se refiere a la fertilidad como a la prevención del cáncer. “La maternidad se pospone por distintos motivos, y cuando decidís tener un hijo, te encontrás con la sorpresa de que no es tan fácil como creías. La infertilidad no se mide, los problemas de fertilidad los descubrís recién cuando empezás a buscar”, dice sobre lo primero, para que las mujeres tengan presente el descenso de la reserva ovárica con la edad.
“Una piensa que va a estar bien, los estudios de rutina no incluyen el test de VPH y las mujeres de más de 30 no tienen la vacuna. Es un escenario en el que te cae un balde de agua fría en la cara”, grafica sobre lo que a ella le pasó con el cáncer. Y vuelve a su experiencia para animar a hacerse los controles y no olvidarse de ir a buscar el PAP.
AS
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