
Los pastizales suelen pasar desapercibidos para quienes transitan las rutas del país. Sin embargo, detrás de ese paisaje hay ecosistemas fundamentales para la producción de alimentos, la regulación del clima y la conservación del agua.
En ese contexto, un informe publicado por el sitio de divulgación científica Sobre La Tierra, de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), encendió una señal de alerta sobre una práctica frecuente en los sistemas ganaderos: retirar completamente a los animales para recuperar campos degradados.
Según un estudio internacional liderado por investigadores de la FAUBA, excluir al ganado de los pastizales puede generar efectos negativos en el largo plazo y reducir los múltiples servicios ecosistémicos que estos ambientes brindan.
La investigación concluyó que el desafío no pasa por eliminar las vacas de los lotes, sino por manejar adecuadamente la carga animal.
LOS PASTIZALES, UN ECOSISTEMA CLAVE
Los pastizales cubren cerca del 25% de la superficie terrestre y cumplen funciones estratégicas para el ambiente y la producción. Además de proveer forraje para la ganadería, almacenan carbono, ayudan a regular el clima y favorecen la biodiversidad.
“Es fundamental valorar y cuidar estos servicios a la hora de implementar manejos ganaderos”, explicó Laura Yahdjian, docente de Ecología en la FAUBA e investigadora del CONICET, quien participó del trabajo junto a Sofía Campana, Pedro Tognetti, Cecilia Molina y Pamela Graff.
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La especialista señaló que muchos de estos ambientes se deterioran debido al sobrepastoreo, es decir, por una excesiva cantidad de animales por hectárea. Frente a esa situación, una de las respuestas más habituales suele ser clausurar los lotes para que el sistema “se recupere solo”.
“La idea de que un pastizal se conserva mejor si no se lo toca está muy instalada. Nuestro trabajo buscó analizar científicamente cómo impacta esa exclusión en los servicios ecosistémicos”, indicó Yahdjian.
Para llevar adelante el estudio, el equipo utilizó información de la red internacional de experimentos Nutrient Network, presente en los seis continentes. En total, analizaron 79 pastizales distribuidos en 15 países, entre ellos cinco sitios ubicados en la Argentina.
La investigación permitió comparar ambientes muy distintos entre sí, desde la Región Pampeana hasta las sabanas africanas. Y los resultados mostraron un patrón común: cuando se excluye a los grandes herbívoros, los pastizales tienden a perder diversidad y a ser dominados por pocas especies vegetales o por plantas exóticas invasoras.
“Excluir al ganado, al igual que a los grandes herbívoros silvestres, resulta perjudicial para los pastizales en el largo plazo porque cambia su funcionamiento ecológico”, sostuvo Yahdjian. Y agregó que este proceso también compromete la posibilidad de sostener la producción ganadera en el tiempo.
El trabajo fue publicado en la revista científica Frontiers in Ecology and the Environment y, además, fue seleccionado para ilustrar la tapa de la edición de abril de 2026.
EL PAPEL DE LAS VACAS EN LA CONSERVACIÓN
Uno de los principales aportes del estudio es replantear el rol del ganado dentro de los ecosistemas pastoriles. En lugar de considerarlo únicamente como una fuente de presión ambiental, los investigadores sostienen que puede cumplir funciones ecológicas importantes si el manejo es adecuado.
“En la Región Pampeana, estos sistemas evolucionaron junto a grandes herbívoros nativos que mantenían la diversidad vegetal. Hoy esos animales ya no están y, en cierta forma, las vacas ocupan ese lugar”, explicó la investigadora.
A partir de esa premisa, el equipo buscó responder si existe un nivel de pastoreo compatible con la conservación de los recursos naturales. La conclusión fue contundente: sí es posible producir y conservar al mismo tiempo.
“La clave no es excluir las vacas, sino manejar cargas animales que no superen la capacidad del pastizal para producir forraje ni reduzcan su biodiversidad”, afirmó Yahdjian. Bajo ese esquema, los sistemas podrían seguir brindando servicios ambientales y, al mismo tiempo, sostener la producción de carne.
NUEVOS DESAFÍOS PARA LA GANADERÍA
Desde la FAUBA consideran que los resultados del estudio representan un punto de partida para repensar las estrategias de manejo ganadero frente a un escenario climático cada vez más complejo.
“El desafío ahora es trasladar este conocimiento científico a las decisiones cotidianas en el campo. La producción y la conservación están íntimamente relacionadas, y si logramos equilibrarlas mediante un manejo adecuado de la carga animal, el beneficio será para toda la sociedad”, destacó Yahdjian.
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La investigadora adelantó además que continuará trabajando en nuevas líneas de estudio dentro del proyecto internacional SPIRIT-Campos, junto a especialistas de Argentina, Uruguay, Brasil y Suiza.
Uno de los objetivos será analizar cómo la exclusión del ganado modifica las relaciones entre plantas, polinizadores y otros artrópodos. También investigarán el impacto de la fertilización sobre los pastizales, una práctica poco frecuente en la Argentina pero común en otras regiones del mundo.
“Queremos generar herramientas que permitan que los pastizales sean más resilientes en un planeta cada vez más incierto”, concluyó.
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