
En el sudoeste bonaerense, donde la producción ganadera convivió durante varios años con la incertidumbre climática, una innovación con sello local empieza a abrirse camino.
Ian Sebalt (22), flamante egresado de Ingeniería en Sistemas de Información de la Universidad Nacional del Sur (UNS), desarrolló en Bahia Blanca junto a otros dos compañeros – Juan Ignacio Rodríguez Mariani (25), también hijo de un productor de Puán, y Lucas Bazán (23)- una aplicación móvil basada en inteligencia artificial que permite evaluar la condición corporal bovina a partir de una imagen.
Lejos de ser un desarrollo desconectado del territorio, “Proyecto Agro”, como se denomina la solución, tiene raíces profundas.
Sebalt creció en el modesto pueblo bonaerense de Algarrobo, en una familia de pequeños productores, y conoce en primera persona las limitaciones estructurales del sector. Esa experiencia fue el punto de partida para transformar una tesis final de carrera en una herramienta concreta para el campo.
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“La idea era que con una simple imagen de una vaca pudiéramos calcular la condición corporal”, explica el joven ingeniero, en referencia al índice de condición corporal (ICC), un indicador clave para estimar el estado nutricional del animal.
“Nuestro objetivo fue que cualquier persona con un celular pueda calcular este índice de manera rápida, simple y precisa”, resalta el joven, hijo de un pequeño productor agropecuario que durante la sequía de 2023/2024 sufrió el problema en carne propia.
UNA SOLUCIÓN NACIDA DE LA SEQUÍA
El disparador del proyecto fue uno de los factores más críticos para la ganadería argentina: la sequía. En los últimos años, el déficit hídrico obligó a los productores a extremar el seguimiento de sus rodeos para evitar pérdidas.
“La problemática nació de algo que conocíamos todos: la sequía”, resume Sebalt. En ese contexto, el monitoreo constante del estado corporal dejó de ser una práctica recomendada para convertirse en una necesidad urgente.
“Un especialista del INTA nos pidió algún tipo de respuesta al difícil control del estado de los vacunos cuando no hay pastos ni agua a causa de falta de lluvia. Especialmente porque no hay elementos técnicos para que el personal rural pueda detectar inconvenientes en los ejemplares y la interpretación errónea de la condición clínica o nutricional puede ocasionar pérdidas productivas totales o parciales”, comentó el entrevistado.
Cuando el forraje escasea, cada decisión impacta directamente en la supervivencia del rodeo. Un animal con baja condición corporal -especialmente si está preñado- puede no resistir el parto o entrar en un estado crítico.
El problema es que el sistema tradicional de evaluación depende del ojo entrenado de veterinarios o técnicos, un recurso escaso en situaciones de crisis extendida. “La idea es que el productor pueda hacerlo por sí mismo, sin necesidad de saber cómo calcular este índice”, enfatiza en diálogo con Infocampo.
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IA APLICADA Y SIN CONEXIÓN
Desde el punto de vista tecnológico, el desarrollo implicó resolver una restricción clave: funcionar sin conectividad. En muchas zonas rurales, el acceso a internet es limitado o directamente inexistente.
Para ello, el equipo diseñó una arquitectura basada en dos modelos de inteligencia artificial. El primero, YOLO v8, se encarga de detectar y recortar automáticamente el animal dentro de la imagen, optimizando el área de análisis.
Luego interviene un segundo modelo, desarrollado por los propios estudiantes, que analiza la morfología del animal y determina su condición corporal. Todo el procesamiento ocurre en el dispositivo móvil, sin necesidad de conexión a servidores externos.
“El modelo está optimizado para ejecutarse en un celular común, sin depender de infraestructura en la nube”, detalla Sebalt. El resultado es un diagnóstico prácticamente instantáneo, directamente en el campo.
VALIDACIÓN TÉCNICA Y RESPALDO INSTITUCIONAL
El sistema clasifica la condición corporal en cuatro rangos dentro de la escala tradicional de 1 a 5: desde delgadez extrema hasta sobrepeso. Actualmente, alcanza una precisión del 70%, un valor que ya fue validado por especialistas, aunque el entrevistado entiende que en los próximos meses se buscará mejorar.
“Esta precisión fue aprobada por el INTA”, asegura el desarrollador, aunque reconoce que el principal desafío a futuro es mejorar el entrenamiento del modelo mediante una mayor base de imágenes.
El acompañamiento del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), a través de la persona de Gerónimo de Leo, especialista de la Agencia de Extensión Rural (AER) Bahía Blanca, fue clave desde el inicio, tanto en la definición del problema como en la validación técnica. De hecho, el equipo trabaja en un proceso formal para lanzar la aplicación con respaldo institucional.
Este punto no es menor: el aval del INTA no solo aporta rigor científico, sino que también genera confianza en el productor, un factor determinante para la adopción de nuevas tecnologías.
DEMOCRATIZAR DECISIONES EN EL CAMPO
Más allá del componente tecnológico, el proyecto apunta a resolver una brecha estructural: el acceso al conocimiento técnico. En muchos casos, los pequeños productores no cuentan con asesoramiento permanente.
La aplicación permite registrar la evolución del rodeo y tomar decisiones basadas en datos, algo especialmente crítico en escenarios de estrés climático. Se trata, en esencia, de una herramienta de gestión adaptativa frente a la variabilidad ambiental.
Esta herramienta logra calcular el índice de condición corporal de una vaca con sólo tomar una foto de la misma. Estimar la grasa corporal y la musculatura, y ayuda a decidir si está demasiado delgada, tiene un peso ideal o tiene sobrepeso, datos fundamentales para la gestión reproductiva y nutricional.
“Es muy satisfactorio generar algo que pueda paliar los efectos de un problema climático tan fuerte”, señala Sebalt, dejando entrever que el impacto va más allá de lo productivo.
El equipo ya definió que la aplicación será gratuita. Tras completar los procesos legales y de registro junto al INTA, el objetivo es publicarla en tiendas digitales para su uso masivo. Para facilitar el trabajo al usuario, los creadores agregaron el reconocimiento de cada vaca. El propósito fue integrar una herramienta tecnológica al manejo rutinario de cada establecimiento.
“Nuestro objetivo fue que cualquier persona con un celular pueda calcular este índice de manera rápida, simple y precisa. Incluso, se puede hacer sin conexión, lo cual es un plus en un área que suele estar alejada de las antenas. Eso conllevó un desafío extra, ya que forzaba a que el procesamiento se hiciera en un entorno limitado en potencia, como es el celular”, expresó el joven estudiante.
La decisión no es casual: responde a una lógica de devolución hacia el sistema público que hizo posible el desarrollo. “Sentimos que dejamos algo más que un proyecto: una herramienta útil para otros productores y para nuestras propias familias”, afirma.
En un contexto donde la discusión sobre el rol de la universidad pública en el país está vigente, este tipo de iniciativas ofrecen un caso concreto de transferencia de conocimiento hacia el sector productivo.
Desde Algarrobo, con raíces profundas en el campo y formación académica de primer nivel, la inteligencia artificial empieza a traducirse en soluciones tangibles. Y en tiempos de sequía, esa diferencia puede ser decisiva.
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