
La baja de retenciones anunciada por el presidente Javier Milei el jueves por la noche y explicada en detalle por el ministro de Economía, Luis Caputo, el viernes, fue una de las principales noticias del año para el sector agropecuario.
En ese contexto, más allá de las repercusiones que tuvo la medida dentro de las entidades del campo y la agroindustria, un aspecto clave es hacer números: por un lado, cuánto “pierde” el Gobierno en términos de costo fiscal por los ingresos que no tendrá a raíz de las menores alícuotas de derechos de exportación; y por el otro, cuándo “gana” el productor en su bolsillo.
EL IMPACTO FISCAL DE LA BAJA DE RETENCIONES
Del lado del Gobierno, el propio Caputo respondió cuánto es lo que se resigna de recursos fiscales.
“Para el 2026, aplica solamente para lo que es trigo y cebada, y está aproximadamente en el orden de los 32 millones de dólares. En el caso del 2027 o del 2028, ahí aplica para todo el resto de los cultivos. En 2028 ya pega de lleno. Por lo tanto, el costo sube significativamente y se va a los 1.200 millones de dólares en el caso solamente de lo que son las retenciones al agro”, puntualizó.
El cálculo del ministro es compartido por la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro), que en el comunicado donde elogió el anuncio, hizo foco en que el impacto fiscal para el Gobierno es bajo.
“Según nuestros equipos técnicos, estimamos un impacto fiscal de unos 30 millones de dólares para lo que queda de la actual campaña (que impactará en 2026), y de entre 50 y 60 millones de dólares para la campaña que está comenzando (con impacto en 2027)”, enumeró la entidad.
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Por su parte, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) subrayó en un informe que el impacto fiscal “es relativamente acotado” y también lo ubicó en una cifra similar, de U$S 29 millones este año.
“Una buena proporción del total de exportaciones estimadas para la campaña en ambos cultivos ya ha sido vendida al exterior. En el caso del trigo, resta vender 5,3 millones de toneladas de los 19 millones de exportaciones estimadas para todo el ciclo, mientras que, en cebada, el remanente asciende a 500.000 toneladas para la cervecera y 200.000 para la forrajera”, precisó la BCR.
Así, si se tiene en consideración ese saldo remanente a los precios FOB promedio para el período junio-noviembre del corriente año, el costo fiscal para el trigo asciende a US$ 26,2 millones, mientras que para cebada totaliza US$ 3,3 millones.
Este costo podría incluso verse reducido si se asume que la rebaja de retenciones incentiva las ventas externas, y lleva a las exportaciones totales para el ciclo triguero 2025/26 a 20 millones de toneladas. En ese caso, el costo fiscal sería de apenas US$ 12,7 millones para el cereal de invierno.
Ya para la campaña 2026/27 es más difícil de proyectar porque las previsiones de producción y exportaciones son aún muy preliminares.
Sin embargo, tomando como base la intención de siembra proyectada en mayo, el costo fiscal total de la medida asciende a apenas US$ 78 millones entre trigo y cebada, que podría ser compensado por el aumento en la producción y el comercio externo de cara a la campaña fina.
“Como referencia, si las exportaciones trigueras 2026/27 suben a 13,5 millones de toneladas, el costo fiscal de la medida se reduce a US$ 47 millones para ese cereal; en tanto que, si suben a 14,5 millones, el costo ajusta a US$ 34 millones”, afirmó la Bolsa rosarina.
En similar sentido, el economista especializado en agro del Instituto de Estudios (IERAL) de la Fundación Mediterránea, Juan Manuel Garzón, analizó en un artículo la medida del Gobierno y resumió que es “una señal positiva, con costo fiscal acotado y desafíos pendientes”.
En este marco, de acuerdo con sus estimaciones preliminares, el costo fiscal directo de la baja de DEX en cereales sería relativamente acotado en 2026 y coincidió con los cálculos presentados previamente.
“Dado que la medida alcanzaría solo a los granos remanentes del ciclo 2025/2026 que aún no fijaron precio y que serán exportados bajo el nuevo esquema, el costo fiscal para el año en curso no superaría los U$S 30 millones. Para 2027, cuando la reducción operaría sobre una campaña completa, la menor recaudación estimada ascendería a aproximadamente U$S 90 millones”, enumeró.
En el caso de la soja, donde la baja comenzaría a regir en enero de 2027, Garzón explicó que el impacto fiscal dependerá del sendero finalmente aplicado.
Es decir, si la reducción mensual fuera de 0,25 puntos porcentuales, y suponiendo una producción 2026/2027 similar a la del ciclo actual, el costo fiscal podría ubicarse en torno a U$S 300 millones. En cambio, si la baja mensual fuera de 0,5 puntos porcentuales, el costo podría acercarse a U$S 600 millones.
“De este modo, considerando solo los productos agropecuarios alcanzados por la medida, la menor recaudación directa para 2027 podría ubicarse, en una estimación preliminar, en un rango de aproximadamente U$S 390 millones a U$S 690 millones, equivalente a entre 0,06% y 0,10% del PIB estimado para ese año”, resumió Garzón.
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LA BAJA DE RETENCIONES EN EL BOLSILLO DEL PRODUCTOR
La otra pata del asunto es conocer en cuánto beneficia esta rebaja de retenciones en la economía de quienes están tranqueras adentro.
Al respecto, Coninagro fue la primera que analizó la medida y dijo con optimismo que la reducción de 2 puntos para trigo y cebada permite compensar casi 100% de lo que fue el incremento de la urea y el gasoil.
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Por su parte, el informe de la Bolsa de Rosario estimó también el efecto sobre el FAS teórico tomando como referencia las cotizaciones actuales.
“Enfocándonos en el caso del trigo, de implementarse la medida, ésta se traduce en una mejora directa en la capacidad de pago compradora tanto para las posiciones con descarga próxima como para la nueva cosecha. En base a los precios actuales, la capacidad teórica de pago mejoraría en torno a 2,2 y 2,3% en el conjunto de posiciones”, proyectó la BCR.
Y completó: “En términos absolutos, el FAS teórico mejora entre 4,8 y 4,9 dólares por tonelada con el nuevo esquema de DEX para el producto. Por el lado de los tramos de la nueva cosecha, se remarca que aún no hay ofertas abiertas de mercado para el trigo, por lo que se utiliza únicamente la referencia del FOB oficial para el cálculo en su conjunto”.
En tanto, el ruralista y exsecretario de Agregado de Valor durante la presidencia de Mauricio Macri, Néstor Roulet, elaboró su propio análisis en el que consideró que la rebaja de retenciones de Milei tiene “sabor a poco”.
Su columna de opinión, que compartió con Infocampo, se copia textual a continuación:
Cuando se observa que un cultivo está comprometido por sus costos, por aumentos del valor de variables productivas muy importantes como son el fertilizante y el combustible, la primera reacción sería devolverle todo el dinero que le corresponde de sus ingresos, eliminando totalmente un tributo distorsivo e injusto como son los DEX.
Para esto el Presidente con seguridad está rodeado de profesionales y analistas que deben advertir de esta realidad, cosa que no sucede por las medidas que tomo el Gobierno con respecto a las retenciones del trigo y la cebada en estos últimos días.
Si el costo del trigo aumentó prácticamente 100 U$S/ha (Imagen 1) en un cultivo donde los márgenes de por si estaban ajustado, el consejo sería eliminar estas retenciones (Cuadro1) en su totalidad para cubrir dichos costos.
¿Que hizo el Gobierno? Bajó las retenciones solo el 2% quedando al 5,5%.
¿Cuánto cubre el productor el aumento de los costos con esta medida? Con esta actitud solo hizo que cubriera un mínimo del aumento del costo (Cuadro3) recargando a la producción la responsabilidad de obtener buenos rinde (gracias a DIOS el año pasado tuvimos un invierno húmedo como nunca) o tomar la decisión final de no hacer trigo (sobre todo la rotación trigo/soja) ante la posibilidad de no tener rentabilidad.
En conclusión, con la baja de las retenciones del trigo anunciadas por el Gobierno, solo se cubre entre el 36% y 38% del aumento que tuvo en estos últimos 3 meses, los costos de producción del trigo.
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