Durante décadas, los modos productivos de la agricultura moderna avanzaron sobre la biodiversidad.

La expansión de los monocultivos, la eliminación de alambrados y el manejo intensivo de los lotes fueron reduciendo espacios clave para la vida silvestre.

Sin embargo, una nueva corriente de investigación busca revertir esa tendencia y demostrar que la naturaleza también puede ser una aliada de la producción.

En ese camino se inscribe un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), y publicado por el sitio Sobre La Tierra, que evaluó el impacto de mejorar los bordes de cultivo en la Región Pampeana.

Los resultados fueron contundentes: aumentó la diversidad de plantas, se triplicó la cantidad de especies de polinizadores y se quintuplicó el número total de estos insectos.

LA BIODIVERSIDAD COMO INSUMO PRODUCTIVO

La iniciativa apunta a fortalecer la sustentabilidad y la resiliencia de los agroecosistemas a través de soluciones basadas en la biodiversidad, un recurso muchas veces invisible pero fundamental para el funcionamiento de los campos.

La biodiversidad agrícola comprende todas las formas de vida que habitan los sistemas productivos y que contribuyen, directa o indirectamente, al funcionamiento de los cultivos. Entre esos aportes se destacan los llamados servicios ecosistémicos, como la polinización o el control biológico de plagas.

“La biodiversidad es un insumo: hay que dejar de verla solo como algo al costado del lote y sin valor”

Analí Bustos, integrante del Grupo de Investigación en Interacciones Ecológicas en Agroecosistemas de la FAUBA, centra sus estudios en uno de esos procesos esenciales.

“Es un proceso clave para la reproducción de muchas plantas. En este sistema, la llevan adelante insectos polinizadores que pueden determinar gran parte del rendimiento y la calidad de cultivos como soja, girasol y frutales”, explicó.

En el marco de su doctorado, Bustos evaluó una estrategia sencilla: sembrar especies florales en los bordes de los cultivos para atraer insectos beneficiosos. Para ello utilizó una mezcla integrada por trébol blanco, trébol rojo, lotus y otras especies, y luego comparó ese sector con otro borde sin intervención.

“En mi doctorado analizo la mejora de bordes de cultivo. Para eso, en un borde sembré una mezcla de especies de plantas con flores que atraen insectos. Después, comparé contra otro borde sin sembrar la diversidad de polinizadores y de plantas, y la interacción entre insectos y flores”, señaló la especialista.

Los resultados surgieron tras analizar unas 30 especies vegetales, más de 50 especies de polinizadores y más de 1.000 interacciones entre insectos y flores.

Los bordes mejorados requieren un mantenimiento sencillo y aguantan muy bien los disturbios

EFECTO DERRAME QUE BENEFICIA A LOS CULTIVOS

Según la investigadora, el borde mejorado presentó tres veces más especies de polinizadores y cinco veces más individuos que el borde convencional.

“Que ambos indicadores aumenten al mismo tiempo es muy importante. Sugiere que el nuevo hábitat puede sostener mayor diversidad e intensidad de uso. También registramos más riqueza vegetal. La mezcla que agregamos facilitó que se desarrollen muchas más especies; sobre todo, de plantas con flores”, destacó.

Entre los polinizadores observados predominaban las abejas melíferas, aunque también se registraron distintas especies de mariposas, avispas y moscas.

Bustos explicó que estos espacios generan un beneficio adicional para la producción gracias al denominado “spillover” o efecto derrame.

Cuando aumenta la diversidad de polinizadores, mejora la polinización de los cultivos. Esto significa que los insectos que habitan los bordes se meten en los cultivos y polinizan sus flores”, afirmó.

Paisajes multifuncionales: los corredores biológicos le dan vida también a la productividad

Pero los efectos positivos no terminan allí. El trabajo también mostró que una mayor diversidad vegetal ayuda a limitar el desarrollo de malezas. “Analicé el banco de semillas en los bordes y encontré que una comunidad más compleja de plantas reduce la emergencia de malezas”, sostuvo la investigadora.

Además, dentro del proyecto internacional LivingGro, otros integrantes del equipo registraron un aumento de organismos que contribuyen al control natural de plagas. “Algunos colegas encontraron avispas que reducen las poblaciones de insectos plaga”, indicó.

INTENSIFICACIÓN ECOLÓGICA

Para Bustos, este tipo de experiencias forman parte de un cambio de paradigma conocido como intensificación ecológica, una estrategia que propone incorporar los procesos naturales como aliados de la producción.

“Implica considerar que la biodiversidad y la infraestructura natural de los campos agrícolas son aliadas de la producción. Por ejemplo, algunos estudios muestran que los polinizadores pueden aumentar los rendimientos de distintos cultivos en hasta un 40%, tanto en campos pequeños como en grandes”, remarcó.

La investigadora también destacó que estas intervenciones son simples de implementar y presentan una elevada capacidad de adaptación frente a distintas condiciones de manejo.

Los bordes mejorados requieren un mantenimiento sencillo y aguantan muy bien los disturbios. Durante mi ensayo, aguantaron vacas, ruedas de máquinas y fumigaciones”, comentó.

Además, sostuvo que los sistemas más diversos tienden a ser más resilientes frente a eventos extremos y variaciones climáticas. “En la intensificación ecológica no existe una receta. Hay que observar el campo y conocer el paisaje. Requiere paciencia y conocimientos ecológicos”, aclaró.

DESAFÍOS PARA QUE EL MODELO SE EXPANDA

A pesar de la creciente evidencia científica, la adopción masiva de estas prácticas todavía enfrenta obstáculos.

“Aunque cada vez hay más evidencia científica sobre sus beneficios, todavía hay muchos frenos para su adopción. Faltan currículas universitarias asociadas a este tema y técnicos capacitados para acompañar la transición. Además, hay barreras culturales y generacionales. La producción convencional está muy arraigada y muchos productores no quieren implementar prácticas nuevas”, señaló Bustos.

La especialista también consideró que es necesario avanzar en incentivos concretos para acelerar el cambio. “En otras partes del mundo, los estudios sobre el manejo de polinizadores en áreas agrícolas ya se transformaron en políticas públicas. Reglamentaron manejos y brindaron beneficios económicos a quienes los implementan, como un sistema de pago por servicios ambientales”, explicó.

De cara al futuro, la investigadora se mostró optimista sobre el potencial de estas herramientas para la agricultura argentina.

Ya se mostró que la intensificación ecológica es viable en términos ecológicos, sociales y económicos. Beneficia a toda la cadena productiva y al ambiente. Si bien en la Argentina todavía falta para que se adopte de forma masiva, ya hay startups que trabajan con polinizadores y sus beneficios en la producción agropecuaria. Por eso es clave seguir generando información y alternativas de manejo”, concluyó.

La biodiversidad como insumo: un estudio global reveló una nueva clave para cuidar los polinizadores