
Entre la inmensidad del verde que tapiza Tafí del Valle y el valle de Cafayate, con sus viñedos tradicionales y cuna del mejor vino torrontés argentino, el poblado de Amaicha del Valle saca pecho en materia turística y busca atraer visitantes.
La cercanía con las ruinas de Quilmes, a casi nada del límite actual donde termina Tucumán y comienzan Salta y Catamarca, suele ser uno de los atractivos principales.
Pero ahora, por estos tiempos, un grupo de productores y enólogos locales busca ser también una suerte de letrero luminoso a la hora de pensar en calidad de vino. Pero de vino tucumano, propiamente.

Amaicha del Valle, Tucumán
VINO TUCUMANO, CON ALMA DIAGUITA
“La bodega nace como un proyecto justamente para potenciar la actividad de estos pequeños productores de la Comunidad Originaria de Amaicha. Antes entregaban la uva a Cafayate, desde donde se venía a comprar porque esta uva era de mejor calidad, y más barato su precio”, contó Gonzalo Bas Nahas.
El profesional, tucumano de nacimiento y crianza, se graduó de ingeniero agrónomo con un magister en Viticultura y Enología.
“Actualmente dirijo una consultora que desarrolla proyectos vitivinícolas en la región NOA, específicamente en el Valle Calchaquí”, comentó en una charla con Infocampo. Además, desde hace 10 años, está al frente de la Bodega Comunitaria Los Amaichas.
Las uvas criollas, un patrimonio argentino para revalorizar y que “aún tiene muchísimo para dar”
El emprendimiento nació hace una década de la mano del financiamiento del BID y gestiones de la UCAR (Unidad para el Cambio Rural). “Se llevaban las uvas para Salta y elaboraban los vinos con el material producido aquí. Por eso buscamos revalorizar estos cultivares y conservar este patrimonio”, destacó.
VINOS “CRIOLLOS” Y MALBEC
Comercializado bajo la marca Sumak Kawsay, que en lengua quechua significa “buen vivir”, hacen malbec, la gran estrella de las góndolas argentinas, pero también otra variedad que empieza a ganar presencia comercial: la criolla chica.
Se trata de viñedos que tienen entre 80 y 100 años, y la bodega se distingue por mantener fermentaciones con levaduras nativas, para conservar la esencia auténtica.
“La gente no sabía de la calidad enológica de estas uvas, porque hay que pensar que son parrales centenarios que están en el fondo de las casas. Yo por mi parte estoy terminando un MBA y mi tesis se basa en estrategias corporativas, y lo que veo es que vamos hacia un mercado de nichos. No vamos a desplazar al malbec, pero la estrategia es explotar estas criollas” comentó.
En la entrevista aclara que la misión de la bodega es pagar el kilo de uva cosechada por encima del valor de mercado que lo que solían pagar las bodegas de Cafayate.
“Nuestra criolla chica es la variedad insignia de aquí. Nosotros decimos que es nuestro pinot noir. La queremos cuidar y la estamos reproduciendo, visitamos a los productores y les entregamos los plantines. Nuestra estrategia es conservar el patrimonio y mostrar la historia, no competir contra los grandes”, comparó.
La fortaleza para dar la pelea radica en la tradición productora, más allá de cuestiones de rentabilidad. Desde Bodega Los Amaichas, incluso, destacan que es la primera en Latinoamérica en ser administrada por una comunidad aborigen y la tercera en el mundo, detrás de experiencias previas en Australia y Canadá.
Se trata de 40 familias de pequeños productores, en parcelas que en algunos casos no alcanzan a tener una hectárea de dimensión.
El nivel de producción cuantitativo, por ende, marca otro tipo de estrategia comercial.
“El volumen que nosotros tenemos disponible es 50.000 litros, y no tenemos un fijo porque eso depende de la añada y de lo que los productores que nos vendan. Al no tener fincas propias no tenemos un volumen definido, pero la capacidad de la bodega son esos 50.000. Queremos ampliar, pero no buscaremos hacer un volumen masivo”, explicó Bas Nahas.
En Mendoza, una bodega y el INTA maridaron una alianza que busca poner en valor a las uvas “criollas”
Levantada “piedra a piedra por manos amaicheñas”, la bodega se erige a 2.100 metros sobre el nivel del mar, inspirada en las viviendas circulares del sistema “Margarita”, donde cada anexo representa los pétalos de una flor. Su arquitectura es circular y está interconectada, basada en el pircado: una técnica ancestral de construcción con piedra que simboliza la unidad, la continuidad y el ciclo vital.
En la última vendimia se pudo vinificar un 60% de criolla chica y un 40% de malbec.
“En 2016 me fui a trabajar y estudiar a Francia, y retomé de nuevo ahora con la dirección de la bodega. Por el tipo de vino que se logra, podría decir que la criolla chica que desarrollamos se parece al famoso beaujolais francés. Son vinos rosados, primaverales y muy frutados, que sale siempre para la primavera de Europa. Se hace en el sur de Francia, es ligero y fácil de tomar. Se vende como pan caliente”, recordó.
DIPLOMATURA EN VINOS DE ALTURA
Si bien se graduó en Mendoza, en la Universidad Nacional de Cuyo, Bas Nahas mantiene estrechos vínculos con la Universidad Nacional de Tucumán. Por ese lazo nació hace dos años la primera “Diplomatura en viticultura y enología en vinos de Altura”.
“Este año lanzamos la segunda camada. Yo estaré a cargo de la dirección”, explicó. La misma fue declarada de interés por el Gobierno de Tucumán a través del ente “Tucumán Turismo”, para fomento de la actividad enoturística.
Especialistas destacados del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) como Santiago Sari o Gustavo Aliquó van a formar parte del plantel estable de docentes, aunque la frecuencia de la diplomatura será cada dos años.

Aliquó, uno de los profesionales que participará de la diplomatura.
Por eso, uno de los grandes objetivos de la bodega y la comunidad de productores es lograr la indicación geográfica de Amaicha del Valle – Los Zazos que concentre comercialmente toda la producción local.
“Aun no la tenemos pero hay que ir despacito elaborando, produciendo y armando los cimientos. Y eventualmente en algún momento sería muy interesante porque no solo hablamos de vino, sino que nosotros aquí tenemos productores de telares, de alimentos como frutas secas, de hidratadas, etc. Hay toda una riqueza productiva en el valle que por sus características agroclimáticas dan una calidad excepcional”, cerró Bas Nahas.
Todavia no hay comentarios aprobados.